Jesús Rivas Carmona, Profesor Emérito Honorífico de la Universidad de Murcia,
emite el siguiente informe sobre el retablo mayor de la parroquia de Mazuela (Burgos):
Este retablo, dedicado a San Esteban Protomártir, representa una obra relevante del final del Renacimiento, cuya historia se remonta a 1583. Por su propia categoría da testimonio de la importancia de esta época en Burgos y su provincia y refleja magníficamente su esplendor, en virtud de su alto nivel artístico y de su valor tanto religioso como histórico.
Obra de los Bueras, familia de artistas de origen cántabro, pero que desempeñaron una gran labor en tierras burgalesas, incluso vinculándose a monumentos tan significativos como la Catedral y la Cartuja de Miraflores. Como propio del final del Renacimiento, ofrece una notable arquitectura de estirpe clásica con la típica superposición de órdenes, jónico y corintio, y sobre sus columnas destacados entablamentos que se alternan según el cuerpo, dando lugar a una original solución dentro del arquetipo clasicista y que encaja en las licencia y novedades manieristas, que propician esa atractiva variedad, más allá de las monótonas soluciones de otros retablos –por tanto, los edículos formados por las columnas y el entablamento no siempre coinciden con la calle central, como si en ese caso se prefiriera lo secundario a lo principal, según una solución que viene de las tumbas de los Medici, de Miguel Ángel–.
A ello se suma una vistosa ornamentación, que incluso se lleva a las columnas, cuyos tercios inferiores son así destacados, lo mismo que los frisos que se levantan sobre esos soportes. Pero la verdadera riqueza del retablo viene de su completo programa escultórico, principalmente de relieves, aunque adquieren particular protagonismo las esculturas de bulto que distinguen a los titulares de la calle central, pero que también las hay en las calles extremas y en el ático. Dicha escultura manifiesta la grandeza del Romanismo con sus abultados volúmenes, resaltados con amplios ropajes, la musculosa anatomía del Crucificado, los gestos teatrales y unos característicos mentones poderosos, que se hacen más visibles en las figuras que levantan la cabeza, como en el caso de San Francisco de Asís. Y todo ello, tanto arquitectura como escultura, magnificado con una brillante y rica policromía, en la que la abundancia de dorados resulta fundamental, si bien no tienen menos relevancia las labores representadas en las
telas, de bello colorido, que reproducen los ornatos de la época.
El retablo forma una completa estructura, elevada en sotabanco y banco, que presenta dos cuerpos y ático, los cuales se organizan en tres calles dominantes, acompañadas en los extremos con otras dos menores o secundarias. En este entramado encaja un amplio programa iconográfico, destinado de una parte a la exaltación de San Esteban, como corresponde a su titularidad. Así, el centro del primer cuerpo tiene la imagen sedente del santo, mostrando gran dignidad, revestido de diácono y mostrando libro con piedras y palma del martirio, mientras que en las calles laterales figuran episodios de su vida, que muestran su presencia ante los jueces y su muerte. A esta glorificación de San Esteban se une la de la Virgen con la Asunción, según la típica iconografía romanista, formando un gran bloque con su propia figura y las de los ángeles niños que la acompañan. María se sitúa en el centro del segundo cuerpo, a
diferencia de San Esteban sin el edículo de columnas y entablamento, que presta reverencia al santo; sin embargo, esto que forma parte del juego de alternancia, antes mencionado, no debe interpretar como un desmérito, pues en realidad es un recurso eficaz para dar idea del ascenso celestial de la Virgen en su Asunción, permitiendo que los ángeles superiores traspasen el entablamento y sugieran la subida que requiere la representación. A los lados del grupo mariano hay dos historias que representan el Nacimiento y el Tránsito de la Virgen. Y, por último, el ático incluye el Calvario, como colofón religioso, bajo la presencia del Padre Eterno, que ocupa el frontón de remate; completan los laterales el cortejo de la Virtudes cristianas, teologales y cardinales; a la derecha Caridad y Fe y a la izquierda Templanza y Prudencia, completándose con Justicia y Fortaleza que aparecen en los medallones de los flancos del Calvario. A este programa fundamental se suman santos de gran popularidad, que ocupan las hornacinas de las calles extremas; a saber San Lorenzo, San Francisco de Asís, San Sebastián y San Roque. Aún se aprovechan sotabanco y banco para seguir desarrollando el mensaje iconográfico. En aquél hay escenas de la Pasión –Santa Cena, Oración en el Huerto, Beso de Judas y Camino del Calvario–, dispuestas así, más próximas, para facilitar la contemplación de la obra redentora por parte de los fieles. El banco tiene a los Padres de la Iglesia, por parejas, y a los Evangelistas en sus escritorios; por tanto, el banco, que es el sustento de la estructura arquitectónica, significa con esas imágenes el basamento de la fe y de la Iglesia. En fin, un elaborado programa, propio de esa época de inicio de la Contrarreforma, que busca enaltecer los fundamentos religiosos, incluida la Eucaristía, que destaca en el centro con el sagrario, a manera de pequeño templo clásico con cúpula, cuya puerta muestra la Resurrección, como garantía de vida eterna para quien participa del banquete eucarístico. Sólo se puede decir que es un completo programa religioso, que enriquece los valores del retablo.
Además el retablo de Mazuela tiene el mérito de ser un extraordinario testimonio histórico de la población, como un importante documento que señala que ésta en el siglo XVI gozó de pujanza y desarrollo, como una época de especial esplendor. Gracias ello fue capaz de erigir un retablo de tan categoría, y con anterioridad una iglesia de gótico tardío no exenta de monumentalidad. Evidentemente, toda esta significación artística, iconográfica, religiosa e histórica, espejo de una época de prosperidad, con todo su valor monumental y documental, reclama la mejor conservación de esta obra, que se pongan todo el empeño y el apoyo en su mantenimiento. Así, seguirá proclamando la importancia de esta tierra y de su arte, de unas grandezas que constituyen las esencias de sus tradiciones. Es lo que merece esta significativa creación del importante Romanismo burgalés, ejemplo de noble arquitectura y de elocuente escultura.